LA LIEBRE Y EL TIGRE…

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“Que gran decepción tenía el joven de esta historia, su amargura absoluta era por la forma tan inhumana en que se comportaban todas las personas, al parecer, ya a nadie le importaba nadie.
Un día dando un paseo por el monte, vio sorprendido que una pequeña liebre le llevaba comida a un enorme tigre malherido, el cual no podía valerse por sí mismo.
Le impresionó tanto al ver este hecho, que regresó al siguiente día para ver si el comportamiento de la liebre era casual o habitual. Con enorme sorpresa pudo comprobar que la escena se repetía: la liebre dejaba un buen trozo de carne cerca del tigre.
Pasaron los días y la escena se repitió de un modo idéntico, hasta que el tigre recuperó las fuerzas y pudo buscar la comida por su propia cuenta.
Admirado por la solidaridad y cooperación entre los animales, se dijo:
“No todo está perdido. Si los animales, que son inferiores a nosotros, son capaces de ayudarse de este modo, mucho más lo haremos las personas”.
Y decidió hacer la experiencia: Se tiró al suelo, simulando que estaba herido, y se puso a esperar que pasara alguien y le ayudara.
Pasaron las horas, llegó la noche y nadie se acercó en su ayuda. Estuvo así durante todo el otro día, y ya se iba a levantar, mucho más decepcionado que cuando comenzamos a leer esta historia, con la convicción de que la humanidad no tenía el menor remedio, sintió dentro de sí todo el desespero del hambriento, la soledad del enfermo, la tristeza del abandono, su corazón estaba devastado, y casi no sentía deseo de levantarse.
Entonces allí, en ese instante, lo oyó…
¡Con qué claridad, qué hermoso!, una hermosa voz, muy dentro de él le dijo:
Si quieres encontrar a tus semejantes, si quieres sentir que todo ha valido la pena, si quieres seguir creyendo en la humanidad, para encontrar a tus semejantes como hermanos, deja de hacer de tigre y simplemente se la liebre”.

Entendiendo la Bolsa de Valores

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“Una vez llegó al pueblo un señor, bien vestido, se instaló en el único hotel que había, y puso un aviso en la única página del periódico local diciendo que estaba dispuesto a comprar cada mono que le trajeran por $10.

Los campesinos, que sabían que el bosque estaba lleno de monos, salieron corriendo a cazar monos.

El hombre compró, como había prometido en el aviso, los cientos de monos que le trajeron a $10 cada uno sin chistar.

DÉJAME DORMIR, MAMÁ

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Hijo mío, por favor,
de tu blando lecho salta.
Déjame dormir, mamá,
que no hace ninguna falta.

Hijo mío, por favor,
levántate y desayuna.
Déjame dormir, mamá,
que no hace falta ninguna.

Hijo mío, por favor,
que traigo el café con leche.
Mamá, deja que en las sábanas
un rato más aproveche.

Hijo mío, por favor,
que España entera se afana.
¡Que no! ¡Que no me levanto
porque no me da la gana!

Deduzca la moraleja de “La fábula del perro”

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“El CAN

“Un carnicero estaba apunto de cerrar su negocio cuando vio entrar un perro. Trato de espantarlo, pero el perro volvió. Nuevamente intentó espantarlo, pero entonces se dio cuenta que el animal que traía un sobre en el hocico.

Curioso el carnicero abrió el sobre y en su interior encontró un billete de 10.00 pesos y una nota que decía: -¿Podría mandarme con el perro 1 kilo de carne molida y 1/2kg de pierna de cerdo?
Asombrado, el carnicero tomó el dinero, colocó la carne molida y la pierna de cerdo en una bolsa y puso la bolsa junto al perro, pero olvidó darle el cambio al perro.

La hormiga y la cigarra, fábula argentina

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“Versión Clásica

- La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante.

- Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.

- La cigarra piensa que la hormiga es tonta y ella se pasa el verano riendo, bailando y jugando.

- Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera.

Que en la puerta del horno no se queme el pan

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“Un maestro albañil, ya entrado en años, estaba listo para retirarse. Le dijo a su jefe de sus planes de dejar el negocio de la construcción para llevar una vida más placentera con su familia.

El jefe sentía mucho ver que su empleado dejara la compañía y le pidió que construyese una sola casa más, como un favor personal.

El albañil accedió, pero se veía fácilmente que no estaba poniendo el corazón en su labor. Utilizaba materiales de baja calidad y el trabajo era deficiente. Era una desafortunada manera de terminar su carrera.

Aceptación incondicional

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“Soy madre de 3 niños (de 14, 12 y 3 años) y acabo de terminar mi educación superior. La última asignatura que tuve fue Sociología. La profesora estaba absolutamente llena de las cualidades que yo considero que todo ser humano debería tener.

Su último proyecto se llamó “Sonríe”. Les pidió a todos los estudiantes que salieran a sonreírle a tres personas y documentaran sus reacciones. Yo soy una persona muy amable por naturaleza y siempre sonrío y saludo a todo el mundo, por lo tanto pensé que sería algo facilísimo.

Vale la pena compartirlo

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“Un día un cazador caminando por el bosque, vio sorprendido, como un pequeño zorro le llevaba comida a un enorme tigre que estaba malherido y no podía valerse por sí mismo.

Quedó impresionado ante semejante actitud, no podía creer lo que estaba viendo, fue así como al siguiente día regresó para ver el comportamiento de estos dos animales.

Con enorme sorpresa pudo comprobar que la escena se repetía, una y otra vez. El zorro dejaba un trozo de carne cerca del tigre.

¿Tienes alma de maestro?

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Un Supervisor visitó una escuela primaria.

En su recorrido observó algo que le llamó la atención: una maestra estaba atrincherada atrás de su escritorio, los alumnos hacían un gran desorden; el cuadro era caótico.

Decidió presentarse:”Permiso, soy el Supervisor… ¿Algún problema?”

“Estoy abrumada Maestro, no sé qué hacer con estos chicos…

No tengo láminas, no tengo libros, la SEP no me manda material didáctico, no tengo recursos electrónicos, no tengo nada nuevo que mostrarles ni qué decirles…”

El prisionero y el pájaro

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“Un prisionero condenado a muerte mantenía en su oscura celda a un pequeño pájaro, dentro de una jaula. Por tratarse de un criminal de alta peligrosidad, no le era permitido salir de la celda.

Él sabía que ya estaba amaneciendo cuando el ave se ponía a emitir pequeños y cortos sonidos. Sabía cuando el sol ya estaba alto al escuchar sus alegres y largos trinos mientras daba saltitos en la jaula. Cuando el ave se aquietaba un poco, escondiendo la cabeza debajo de una de las alas, él pensaba: “ya casi estamos a media tarde”.