Muchos se angustian por problemas que, en su mayoría, nunca llegan a hacerse realidad

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Meditación
Muchos se angustian por problemas que, en su mayoría, nunca llegan a hacerse realidad. Sufren con anticipación, pensando e imaginando cosas que pudieran suceder. La mayoría de nuestras preocupaciones se deben a la falta de confianza en Dios.

Un hacendado fue a la ciudad y le preguntó al dueño de un restaurante si podía utilizar un millón de piernas de sapos. El dueño del restaurante quedó asustado y quiso saber dónde pretendía el hacendado conseguir tantas piernas de sapos.

Ahora

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“Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.” Así le decimos a María en cada avemaría que le rezamos. Le pedimos a la Virgen que ruegue por nosotros AHORA.
También el Señor nos ha enseñado, en el Padrenuestro, a pedir el pan cada día: “Danos hoy nuestro pan de cada día”, rezamos en esta oración dominical.
Y es que Dios quiere que vivamos el ahora, el hoy, sin poner nuestra mirada y preocupación en el futuro, porque el querer saber lo porvenir nos hace perder de vivir con plenitud el momento presente.
¡Cuántas veces creemos que seremos felices cuando lleguemos a tal época del año, o a tal o cual objetivo, o cuando poseamos alguna cosa o persona! Y sin embargo esa es una astucia del Maligno que nos entretiene con ensueños y nos distrae de que vivamos bien el ahora y el hoy.
Hagamos el propósito a partir de ahora mismo, de vivir momento por momento, porque esperando el tiempo para ser felices, dejamos escapar el ahora, el hoy, donde sí tenemos que ser felices, disfrutando de lo que hacemos, o sufriendo como se debe si es que estamos enfermos o con alguna prueba. Porque cada momento vivido es un regalo de Dios, tanto si estamos dichosos, como si sufrimos, pues el padecer es fuente de mérito para el alma y obtiene innumerables gracias para sí y para los demás.
Tenemos que aprender a circunscribirnos al día de hoy, al momento presente, al ahora, al ya; y así evitaremos desaprovechar el tiempo.
A veces la vida nuestra es como cuando nos vamos de vacaciones, que estamos ansiosos por llegar al lugar de destino, y nos olvidamos de ir disfrutando el viaje, el momento presente. Tenemos que ir disfrutando del viaje de la vida, con sus luces y sombras.
Pensemos en estas cosas y demos gracias a Dios que generalmente no nos revela el porvenir, para que vivamos en paz, sin preocuparnos por lo que será o podría ser.
Tengamos presente que dicen los santos que hay personas que si hubieran sido avisadas con anterioridad de la prueba que estaban por sortear, no hubieran podido soportarla. En cambio al llegar la prueba sin haberlo sabido de antemano, tuvieron la gracia y la fortaleza necesarias en ese momento y superaron la prueba.
Recordemos que Dios es un Padre bueno y nos da la gracia en el momento oportuno, de modo que cuando llegue la prueba, si es que llega, tendremos la ayuda del Cielo para llevarla adelante.
Vivamos contentos y confiando en Dios, aprovechando el ahora, y no estaremos lejos de la felicidad y la paz del alma.”

Por la generosidad

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“Derrama en mi interior, Señor, una gran disponibilidad, para que sea capaz de dar sin medida,
para que aprenda a compartir lo que tengo buscando la felicidad de los demás.
Muéstrame la grandeza de dar con alegría.
Ayúdame a descubrir la hermosura del cántaro, que existe para saciar la sed de los demás.
Descúbreme la inmensa dignidad de todas las personas, que tienen derecho a ser parte de mi vida.
Dame un amor generoso y humilde dispuesto a compartir con los demás
mi propia vida, mis talentos, mis bienes, mi tiempo.
Que pueda entregarme sin resistirme, que pueda amarlos con tu amor y mirarlos con tu mirada.
Amén”

Antigua bendición irlandesa:

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Se atribuye a San Patricio:
“Que la tierra se vaya haciendo camino ante tus pasos, que el viento sople siempre a tus espaldas, que el sol brille cálido sobre tu cara, que la lluvia caiga suavemente sobre tus campos y, hasta tanto volvamos a encontrarnos, que Dios te lleve en la palma de su mano.

Que vivas por el tiempo que tú quieras, y siempre quieras vivir plenamente. Que siempre olvides las cosas que te entristecieron pero siempre recuerdes aquellas que te alegraron.

Oraciòn de Año Nuevo

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DIOS, PADRE BONDADOSO,
DUEÑO DEL TIEMPO Y LA ETERNIDAD,
EL PASADO Y EL FUTURO.

Y AL EMPEZAR UN AÑO MÀS
DETENGO MI VIAJE
ANTE EL CALENDARIO NUEVO, AÙN SIN ESTRENAR
Y TE PRESENTO ESTOS DÌAS
QUE SÒLO TÙ SABES
SI LLEGARÈ A VIVIRLOS.

HOY TE PIDO PARA MÌ Y LOS MÌOS
LA PAZ Y LA ALEGRÌA,
LA FUERZA Y LA PRUDENCIA,
LA CLARIDAD Y LA SABIDURÌA.

QUIERO VIVIR CADA DÌA
CON OPTIMISMO Y BONDAD, LLEVANDO A TODAS PARTES
UN CORAZÒN LLENO
DE COMPRENSIÒN Y PAZ.

Correspondencia recibida

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Texto del Evangelio:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños». (Mt 18,12-14)

Quédate en silencio…

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Nada te turbe
Nada te turbe;
nada te espante;
todo se pasa;
Dios no se muda,
la paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene,
nada le falta.
Solo Dios basta.
Santa Teresa de Ávila (1515-1582)
Hay demasiados “ruidos” en ti…
… “escucha” en lo profundo de tu ser…
Hay demasiadas “preocupaciones” en tu mente…
… y demasiado “peso” en tu corazón…
… “escucha” en lo profundo de tu ser…
… quédate a solas…
… y “escucha” en lo profundo de tu ser…
… entra en tu “aposento”…
… solo “escucha” en lo profundo de tu ser…
“El Señor está en ti y aquí y te llama…”
… te ama y te espera…
… “escúchale” en lo más profundo de tu ser…
“Quédate en silencio delante del Señor…”
Olvida tus ideas, tus palabras, olvida tus recuerdos, tus deseos, tus peticiones, tus proyectos; sólo entiéndele y escúchale sin que el ruido de tus voces interiores te distraiga.
Quédate en paz ante Él, abandona en Él toda angustia, toda turbación, todo temor, toda preocupación,…..olvídalo todo.
Quédate sin ataduras, libre de tus deseos, pobre como la madera muerta en invierno, vacío de todo cuanto no sea Él.
Quédate solo, sin nadie más en tu corazón, ni nada en tu pensamiento, que ninguna criatura se interponga entre Dios y Tú.
Quédate sin quejas, sin estorbos, sin apegos, sin “huéspedes” extraños, sin nada que no sea Él.
Quédate entero, sin más recuerdo que Dios, sin buscar consuelos humanos, “sepultado” con Él y en Él, desapareciendo tú para hacerte don en su Espíritu.
Quédate sin tristezas, sin resentimientos, sin orgullo, sin falsas imágenes de ti mismo.
Quédate a la escucha de su Palabra, hazte Palabra y Voluntad suya.
Quédate sin poderes, sin privilegios, sin honores, sin prejuicios, sin ídolos, y solo deja a Dios ser Dios.
Quédate en adoración tan profunda que nada altere esa atención, que ni penas ni goces quebranten ese total abandono en Él…
Quédate en silencio delante de Dios, desaparece tú y que sólo Él sea en ti.
“Quédate en silencio delante del Señor…”
“Quédate en silencio…”
“Quédate…”
“Quédate en silencio delante del Señor…”
(Salmo 37, 7)

María: Mediadora Universal

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Uno solo es nuestro Mediador, según las palabras del Apóstol (1 Tim 2, 5-6).
Sin embargo, la misión materna de María para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo; antes bien, sirve para demostrar su poder. Y, lejos de impedir la unión inmediata de los creyentes en Cristo, la fomenta.
(Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 60).
Asunta a los cielos, no ha dejado esta misión, sino que con su intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna.
Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada.
Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora.
(Conc. Vat. II, Const. Lumen gen tium, 62).
Aquello poco que desees ofrecer, procura depositarlo en manos de María, graciosísimas y dignísimas de todo aprecio, a fin de que sea ofrecido al Señor, sin sufrir de El repulsa.
(San Bernardo, Hom. En la Natividad de la B. Virgen María, 18).
No puede estar de más la mujer bendita entre todas las mujeres, pues se ve claramente el papel que desempeña en la obra de nuestra reconciliación, porque necesitamos un mediador cerca de este Mediador, y nadie puede desempeñar tan provechosamente este oficio como María.
(San Bernardo, Hom. Para el domingo infraoctava de la Asunción, 2).
No le faltaba a Dios, ciertamente, poder para infundirnos la gracia sin valerse de este acueducto, sí Él hubiera querido, pero quiso proveerse de ella por este conducto.
(San Bernardo, Homilía en la Natividad de la B. Virgen María, 17)
Siempre que tengamos que pedir una gracia a Dios, dirijámonos a la Virgen Santa, y con seguridad seremos escuchados.
(Santo Cura de Ars, Sermón sobre la pureza)
María es el Tesoro de Dios y la Tesorera de todas las Misericordias que nos quiere dispensar.
(San Alfonso María de Ligorio, Visitas al Smo. Sacramento)

¡A LA VIRGEN MARÍA!

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¡INVOCA A MARÍA!
Si se levanta la tempestad de las tentaciones, si caes en el escollo de las tristezas, eleva tus ojos a la Estrella del Mar: Si te golpean las olas de la soberbia, de la maledicencia, de la envidia, mira a la Estrella…
¡INVOCA A MARÍA!
Si la cólera, la avaricia, la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu espíritu, que tus ojos vayan a esa Estrella…
Si ante el recuerdo desconsolador de tus muchos pecados y de la severidad de Dios, te sientes ir hacia el abismo del desaliento o de la desesperación, lánzale una mirada a la Estrella…
¡INVOCA A LA MADRE DE DIOS!
En medio de tus peligros, de tus angustias, de tus dudas, piensa en María…
¡INVOCA A MARÍA!
El pensar en ella y el invocarla, que no se aparten nunca ni de tu corazón ni de tus labios
Y para estar más seguro de su protección, no te olvides de imitar su ejemplo.
¡Siguiéndola, no te pierdes en el camino!
¡Implorándola, no te desesperarás!
¡Pensando en ella, no te descarriarás!
Si ella te tiene de la mano, no te puedes hundir.
Bajo su manto, nada hay que temer
Bajo su guía no habrá cansancio, y con su favor llegarás felizmente al Puerto de la Patria Celestial.

El pesebre

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En 1994, dos americanos respondieron una invitación que les hiciera llegar el Departamento de Educación de Rusia.
La invitación era para enseñar moral y ética en las escuelas públicas, basada en principios bíblicos
Debían enseñar en prisiones, negocios, el departamento de bomberos de la policía y en un gran orfanato.
En el orfanato había casi 100 niños y niñas que habían sido abandonados, abusados y dejados en manos del Estado.
De allí surgió esta historia relatada por los mismos visitantes:
Se acercaba la época de las fiestas navideñas de 1994, los niños del orfanato iban a escuchar por primera vez la historia tradicional de la Navidad.
Les contamos acerca de María y José llegando a Belén, de como no encontraron lugar en las posadas, por lo que debieron ir a un establo, donde finalmente el niño Jesús nació y fue puesto en un pesebre.
A lo largo de la historia, los chicos y los empleados del orfanato no podían contener su asombro.
Algunos estaban sentados al borde de la silla tratando de captar cada palabra.
Una vez terminada la historia, les dimos a los chicos tres pequeños trozos de cartón para que hicieran un tosco pesebre.
A cada chico se le dio un cuadradito de papel cortado de unas servilletas amarillas que yo había llevado conmigo.
En la ciudad no se podía encontrar un solo pedazo de papel de colores.
Siguiendo las instrucciones, los chicos cortaron y doblaron el papel cuidadosamente colocando las tiras como paja.
Unos pequeños cuadraditos de franela, cortados de un viejo camisón que una señora americana se olvido al partir de Rusia, fueron usados para hacerle la manta al bebé.
De un fieltro marrón que trajimos de los Estados Unidos, cortaron la figura de un bebé.
Mientras los huérfanos estaban atareados armando sus pesebres, yo caminaba entre ellos para ver si necesitaban alguna ayuda.
Todo fue bien hasta que llegué donde el pequeño Misha estaba sentado.
Parecía tener unos seis años y había terminado su trabajo.
Cuando miré el pesebre quedé sorprendido al no ver un solo niño dentro de él, sino dos.
Llamé rápidamente al traductor para que le preguntara por qué había dos bebés en el pesebre.
Misha cruzó sus brazos y observando la escena del pesebre comenzó a repetir la historia muy seriamente.
Por ser el relato de un niño que había escuchado la historia de Navidad una sola vez estaba muy bien, hasta que llegó la parte donde María pone al bebé en el pesebre.
Allí Misha empezó a inventar su propio final para la historia, dijo:
Cuando María dejó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar para estar.
Yo le dije que no tenía mamá ni papá, y que no tenía un lugar para estar.
Entonces Jesús me dijo que yo podía estar allí con El.
Le dije que no podía, porque no tenía un regalo para darle.
Pero yo quería quedarme con Jesús, por eso pensé qué cosa tenía que pudiese darle a El como regalo; se me ocurrió que un buen regalo podría ser darle calor.
Por eso le pregunté a Jesús: Si te doy calor, ¿ese sería un buen regalo para ti?
Y Jesús me dijo: Si me das calor, ese sería el mejor regalo que jamás haya recibido.
Por eso me metí dentro del pesebre y Jesús me miró y me dijo que podía quedarme allí para siempre.
…Cuando el pequeño Misha terminó su historia, sus ojitos brillaban llenos de lágrimas empapando sus mejillas.
Se tapó la cara, agachó la cabeza sobre la mesa y sus hombros comenzaron a sacudirse en un llanto profundo…
El pequeño huérfano había encontrado a alguien que jamás lo abandonaría ni abusaría de él.
Alguien que estaría con él para siempre.
Gracias a Misha, yo aprendí que no son las cosas que tenemos en esta vida las que importan sino a quienes tenemos, ellos son los que realmente importan.
No alardees de tu nacimiento, posición, cualidades o logros espirituales. Ten presente la naturaleza de todas las cosas, y vivirás una vida plena y llena de gozo.”
Autor: Por conocer