EL ORANGUTAN DE LA JUSTICIA: VERGÜENZA NACIONAL

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Publicado en Correspondecia Recibida

EL ORANGUTAN DE LA JUSTICIA: VERGÜENZA NACIONAL
Por: Álvaro Ramírez González.

Empiezo por referirles de manera resumida los comentarios del prestigioso constitucionalista Doctor Hernando Yepes Arcila. Primera pregunta: ¿Qué culpa tiene el presidente en esta situación? Respuesta: toda. Segunda pregunta: ¿Qué salió malo aquí? Respuesta: todo. Tercera pregunta: ¿Qué cree usted que está sintiendo el país hoy? Respuesta: asco.

Desde que la cámara de representantes aprobó hace tres noches este horrendo esperpento los medios de comunicación, sin excepciones pero la W de Julio Sánchez Cristo liderando el proceso, iniciaron una jornada que yo considero heroica y patriótica de enfrentar de manera descarnada y sin ningún tipo de miedos a la clase política del gobierno y del congreso, no solo para hacerles ver acerca del desagrado de los ciudadanos por un acto legislativo tan cochino, tan inmundo, tan sucio y tan desafiante como la mal llamada reforma a la justicia. A medida que se han venido desarrollando los hechos, las entrevistas, las investigaciones y han desfilado uno a uno los personajes y artistas de esta farsa aparece más y más evidente el tenebroso contenido de este acto legislativo que no hizo más que consolidar una manguala de privilegios y blindajes para magistrados y congresistas y para el ciudadano común que era el que necesitaba una mejor justicia, no hubo nada.

Pero hay tres personajes ó actores de primera línea cuyo desempeño yo quiero relatar, porque me quedo estupefacto de ver que tres personas tan importantes en la conducción de un país democrático como Colombia, proceden con tanta ligereza, actúan con tanta estupidez, se apoyan y se confrontan con tanta desfachatez y finalmente reculan con tanta desvergüenza. Vámonos de menor a mayor.
Simón Gaviria Muñoz. Presidente de la Cámara de Representantes de Colombia, joven promesa de la política, hijo de mi viejo amigo el ex presidente César Gaviria Trujillo, muchacho bien preparado, amante de la actividad política, joven de buen trato, simpático, decente, gustador.

La actuación de Simón Gaviria lo deja a uno aterrado y yo no la voy a calificar sino que también voy a referirles la parte final de un diálogo que fue más un airado regaño de Julio Sánchez Cristo para él. Primera pregunta: ¿Doctor Simón, entonces usted firmó una reforma a la justicia que no leyó? Respuesta: si es que estaba enredado. Segunda pregunta: ¿Doctor Simón, sabe usted cuánto nos cuesta a los colombianos el equipo de abogados y de asesores que le pagamos a usted para que le lean, le expliquen y le corrijan esas cosas? Respuesta: sí Julio, pero es que al calor de los debates no había mucho tiempo para encargarme de leer la reforma. El ministro la leyó, nos pidió que la votáramos y yo confié en el ministro.

El regaño fue mucho más largo, fue un evento que se produjo en la radio, pero yo me imaginaba a Simón Gaviria con los calzones abajo y las nalgas peladas y a Julio Sánchez dándole unas fuertes palmadas por su comportamiento. Simón acepta que metió las patas como nunca, le pide perdón al país, le dice que él ha sido un hombre decente y bueno, le dice que él no es una rata ni un pillo y yo estoy seguro que tiene la razón. Pero que verracos tan olímpicos y tan irresponsables. No cayeron en cuenta que tenían en sus manos una reforma del sistema judicial de todo un gran país. Qué pena Simón, esto te lo van a cobrar en las urnas!!

El ministro Esguerra. Se trata de un abogado bogotano, rolo, de la alta sociedad, muy chirriado y que ocupa por segunda vez un ministerio. Un hombre con mucha experiencia, pero con muy poco valor civil, con muy pocos pantalones, un personaje que se volvió dubitativo, vacilante, confuso en sus conceptos. Empieza diciendo: “esta reforma no me hace muy feliz, pero tiene cosas buenas”. Pues resulta que esa porquería que Esguerra presentó, tramitó y asistió en los ocho debates, finalmente leyó y redactó el orangután final, fue tan cobarde y pusilánime que permitió que la comisión de conciliación de cámara y senado no lo dejara entrar a la sala donde estaban deliberando por diez horas y se quedó como un pendejo, como un idiota esperando afuera casi todo un día hasta que le abrieron la puerta y le entregaron el gorila plasmado en unos papeles para que lo redactara y lo llevara al recinto de la cámara de representantes para su aprobación. Luego de la intervención de anoche del presidente Santos lo primero que se extrae de ella es una gran desautorización, a Santos ni lo hace feliz la reforma, ni para él tiene cosas buenas. Pero pueden estar seguros queridos lectores, que Esguerra no renuncia. Es un desvergonzado.

Juan Manuel Santos Calderón. Es el gestor y director intelectual de la reforma. Naturalmente la conoce ó obviamente ha estado informado del desarrollo de los debates y no tengo duda alguna que estando en Río de Janeiro conoció la fisonomía y la belleza del orangután en que se convirtió su cacareada reforma. Apenas vio el escándalo que se armó en la W y las demás emisoras inmediatamente se dirigió al país y reculó. Le pide a la corte constitucional que la tumbe, pero en el fondo lo están matando el miedo y la vergüenza de no haber dirigido bien este alumbramiento para que saliera una cosa decente y no ese pedazo de mierda que finalmente salió. Resulta que le van a hacer un plebiscito. Con un millón y medio de firmas, el gobierno nacional estará obligado a convocar un plebiscito para que los colombianos digamos en las urnas si dejamos ó enterramos esa porquería. Ese millón y medio de firmas las van a conseguir en 15 días y con dos millones y medio de votos sepultaremos ese engendro lleno de veneno, prebendas, blindajes y mierda. Y ese plebiscito enterrará simultáneamente la reelección de Santos. De eso no les quepa la menor duda y con este criterio coinciden los politólogos más prestigiosos de este país.

Mientras esto ocurre en el templo de la democracia, la guerrilla está emberracada tumbando puentes en las autopistas, volando oleoductos, masacrando gente en los buses y tomándose este país.

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