H.P. (Honorable Parlamentario)

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Publicado en Administración, Conocimiento, Dinero, Ecología, Economía, Gimnasia Mental, La Meditación, VISIBILIDAD

Hay cuasipolíticos por los cuales la gente vota y cambian su agenda y promesas una vez se encuentran en  el curubito.

De parecer  Estadistas están muy lejos  por muy alta que tengan su investidura oficial.

Como los gatos, “siempre caen parados” por muy craso que sea el error en que hayan incurrido. Sólo les  queda esperar  que la memoria de quien votó por ellos  no les haga  ”pistola” la próxima vez que se presenten a elecciones.

Emiten propuestas muy ocasionalmente como cajas de resonancias  (de pandora),  sin analizarlas y sin medir las consecuencias que tengan para su patria y para la institución para la cual el pueblo los escogió.

Todo lo anterior constituye el preámbulo para comentar sobre la estupidez que constituye la legalización de la “droga” cualquiera que sea la arista que se toque de ella.

Las premisas para buscar la legalización pueden ser muchas pero por muy valederas que sean los efectos a largo plazo son devastadores.

Hace un tiempo, los gringos hicieron un estudio en el cual pudieron constatar que el 80% de las personas sometidas a rehabilitación reincidían. Como ellos y todo Gobierno sólo miran que los presupuestos apunten estadísticamente, encontraron que había necesidad de “ahorrar” TODO el presupuesto para rehabilitación.

Generalmente, las asignaciones presupuestarias se dan al final y jamás en la prevención que brindan la formación de principios y valores en la cadena de circunstancias y acontecimientos que se presentan en el área afectiva y personal desde antes de nacer y  durante su desarrollo.

La drogadicción puede presentarse como un lobo disfrazado de caperucita pero si emocionalmente la persona está bien preparada y su autoestima bien cimentada, se tiene más oportunidad de decir NO.

La educación que se recibe a través de los medios de comunicación es invasiva y desnaturalizante. Es muy poca la gente que sabe distinguir la naturaleza alineante entre un comercial,  un programa de noticias o una película de Hollywood.

La voluntad está tan socabada que los chips para incrustarlos están en tiempo a la vuelta de la esquina disponibles. Tratar a la gente como si todos tuvieran complejo de oveja es la clave para que otros elijan por ellos.

Pero sigamos con el asunto de la “legalización”. En la práctica existe. El poder de corrupcción la ha facilitado. Ya existe. Sólo que el Estado no ha participado en el “negocito” hasta ahora.

El mercado grande existe.  Matemáticamente, se presume que al haber participacipación en caso de legalizar esta funesta actividad, habrá recursos suficientes vía impuestos para resolver el problema actual. Esa es la mentalidad inmediatista.

Se argumenta lo imposible para controlar tanta actividad ilegal actual y el temor que engendra su poder corruptor y de muerte. Ya la desesperanza y la oscuridad espiritual avanzan inexorablemente y entonces es preferible unirse a ellas.

Si se parte de la base que son los números los que mandan hay que tener en cuenta que por muy alta que sea la disponibilidad de recursos financieros no son estos los que hacen la diferencia entre la felicidad y la desgracia a todo nivel. Si el razonamiento es por este orden, cualquier disponibiliad de dinero siempre se hallará deficitario.

Veamos el siguiente escenario:

Hoy los oferentes son pocos. Aunque muchos son pocos comparados con los que entrarán al negocio una vez la laxitud se vuelva generalizada (legal). Habrá competencia. Obvio que habrá extensión de cultivos y empleos. Pero, lo que no se cuenta es que todo tiene un precio o mejor dicho un sacrificio mayor.

Cabe esperar que la frontera agrícola se disminuya y los costos de los alimentos aumenten. Se espera que la deforestación crezca porque la alta concentración de tierras que tiene países como Colombia, induzca a la invasión de parques nacionales y zonas protegidas como las selvas. Todos querrán entrar al negocio porque la rentabilidad es inmediata.

El objetivo del hombre en esta tierra y ocasión es encontrar la felicidad. Pero, ¿cuál felicidad? Sólo para unos cuantos. Y la mayoría que sea adicta para que pague la felicidad de una minoría.

Hasta ahora, los beneficiados de la represión de la “droga” han sido unos cuantos proveedores además de los de la droga: los comercializaores, los traficantes de armas…

La pugna está ahora porque entren más participantes al negocio: más empresas, los estados, etc.

¿Y qué sucede con el consumidor?

El cigrarrillo (tabaco) y los licores están  legalizado y las estadísticas nefastas  crecieron más no así las estadísticas positivas orientadas a la prevención, educación y  soluciones  de sus efectos en la familia y la persona.

El porcentaje de reincidencia en las llamadas drogas aditivas está muy estudiado empezando por el tabaco en donde las multinacionales hacen ingentes esfuerzos e inversiones por captar desde más temprana edad a los niños por hacerlos fieles consumidores de por vida.

En el caso de ciertas drogas como la marihuana,  el porcentaje de reincidencia y adición es del 80%. Esto quiere decir que de cada 10 consumidores sólo 2 logran recuperarse en el mejpor de los casos. En la cocaína el porcentaje es mayor pues pasa del 90% por lo cabe esperar que si se le obsequia degustación en las escuelas el mercado se asegura de por vida. Esto equivale a ir matando cada día,  un poco de t todos… nosotros.

Cabe comprender la impotencia del legislador que habla a nombre de todos desde el título que hoy ostenta pero ello no le confiere LA VERDAD.

 

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