INTOXICACIONES ACCIDENTALES: EL OCULTO ENEMIGO DOMÉSTICO

0

Publicado en Ayuda a los demas, Consultorio, Familia, Los Hijos, Mujer, Prográmese, Remedios Caseros, Sugerencias

DE LOS CIENTOS DE MUERTES y los miles de accidentes por intoxicación que se producen anualmente en nuestro país (y en todos los demás) apenas un 15% se deben a intentos de suicidio. El 85% restante es accidental y, en general, se debe bien a una ingesta excesiva de medicamentos, a la confusión de preparado con otras medicinas o a la travesura de los niños pequeños.
Los casos más frecuentes son, con diferencia, los de niños menores de cinco años que se meten todo en la boca, especialmente si el producto tiene un aspecto atractivo o un sabor agradable. Pero tampoco es nada raro que las personas ancianas que han perdido la llamada memoria inmediata no recuerden si han tomado sus remedios o equivoquen las dosis, por lo que unos y otros pueden acabar en la sala de urgencias de un hospital o, lo que es peor, irremediablemente envenenados.

LAS MÁS FRECUENTES
El mayor número de envenenamientos en el hogar se debe, con mucho, a los preparados que todo el mundo guarda en el botiquín doméstico: tratamientos en curso o restos de antiguas prescripciones que se van acumulando hasta llegar a crear un auténtico almacén de potingues muchas veces no renovado, salvo muy de tarde en tarde.
Las sustancias que se ingieren accidentalmente con más frecuencia son los analgésicos, somníferos y tranquilizantes, pero también el alcohol y los medicamentos potentes prescritos con receta e ingeridos erróneamente en exceso o por la persona equivocada.

Aparte de los fármacos, las intoxicaciones por boca más populares -especialmente entre los niños-se dan con productos de limpieza -incluida la lejía- y jardinería, insecticidas y gasolina. Enrique Jardiel Poncela definía a los niños como “locos bajitos que viven debajo de las mesas y se alimentan de botones”, pero además les encantan la naftalina, las pilas eléctricas pequeñas, el agua oxigenada, las cerillas, la tinta, los pegamentos y los productos cosméticos de higiene personal en general.
Más raras, pero desgraciadamente frecuentes, son las intoxicaciones por contacto en los ojos o la piel por cáusticos o productos tóxicos de absorción cutánea, como algunos pesticidas con cianuro, petróleo o ácidos, presentes en gran número de desatascadores de cañerías.

QUÉ SE DEBE Y QUÉ NO SE DEBE HACER
Frente a una intoxicación, se debe:
• Llamar con la máxima urgencia al Centro de Información Toxicológica (en España es el 915-62 84 69) para conseguir las normas de actuación inmediata según el tóxico ingerido. Este número debe figurar en sitio bien visible, especialmente en las casas en que hay niños muy pequeños o personas mayores.
• Si ha caído alguna sustancia química en los ojos, lávelos inmediatamente con agua del grifo, a ser posible tibia, durante 20 o 30 minutos como mínimo, procurando mantener los párpados abiertos mientras los irriga.
• Si la piel ha entrado en contacto con pesticidas, sustancias químicas que puedan absorberse a su través o puedan provocar quemaduras, lave suavemente la zona afectada durante al menos, 30 minutos, pero no a presión, pues podría favorecer la penetración de la sustancia.
• Si el veneno ingerido es de los que pueden eliminarse por el vómito (siempre hay que preguntar al Centro de Información Toxicológica), va muy bien el agua tibia con o sin sal tomada a sorbos hasta provocar el vaciamiento del estómago. Puede ayudarse con el clásico sistema de introducir un dedo hasta el fondo de la garganta, pero nunca un objeto metálico que pueda dañar los delicados tejidos de la faringe.
Lo que nunca se debe hacer es:
• Dar leche ni ninguna otra sustancia de las tradicionalmente consideradas como “antídotos”. La leche es especialmente peligrosa por tratarse de una proteína que puede potenciar incluso el efecto de muchos de los venenos de ingesta accidental. En todo caso, y previa consulta, una mezcla de clara de huevo con agua puede ayudar a resolver algunas intoxicaciones, especialmente las producidas por detergentes.
• Intentar producir el vómito en los casos de ingesta de un cáustico como lejía, sosa o ácido corrosivo, puesto que pueden provocar nuevas lesiones y quemaduras en el esófago o el estómago.
• Provocar el vómito cuando la persona afectada tenga convulsiones, esté inconsciente o en coma, en los niños menores de seis meses que se hayan tragado un objeto duro y voluminoso -como un juguete- o en las personas que estén medio dormidas.

PEQUEÑA GUIA DOMÉSTICA
• Productos de limpieza.
Sus fascinantes envases y su sugerente contenido son sumamente atractivos para los pequeños devoradores de botones. Entre estos productos se pueden distinguir dos tipos bien definidos: los cáusticos y los no cáusticos. Dentro de este último grupo destacan los lavavajillas, jabones, detergentes para ropa, suavizantes, limpiasuelos, ceras para el piso o pastillas para la cisterna o inodoro. En general suelen provocar vómitos y diarreas, así como sensación de quemadura en la boca, pero en grandes cantidades (especialmente los limpiasuelos, suavizantes y algunos detergentes para lavadoras) pueden llegar a producir debilidad, confusión y hasta paro respiratorio. Por su parte, entre los cáusticos se encuentran el salfumán, los limpiadores de hornos, desatascadores, abrillantadores, limpiasuelos con amoníaco y algunos líquidos para el lavavajillas, que pueden producir -cuando se ingieren-graves quemaduras en la boca, el esófago y hasta en el estómago. Su tratamiento requiere, en un primer momento, la administración de agua en frecuentes y pequeñas cantidades para evitar el vómito, al mismo tiempo que se diluye en lo posible la concentración del tóxico a nivel local.

• Productos cosméticos y de higiene personal.
A pesar de que su presencia en las casas es comparable a la de los productos de limpieza, son causa mucho menos frecuente de intoxicaciones, posiblemente por la diferente accesibilidad por parte de los niños. Entre los más frecuentemente ingeridos, las leches solares, cremas corporales y faciales, desodorantes, maquilladores y sombreado de ojo se consideran habitualmente como no tóxicos. Por su parte, los champús, jabones de afeitar y geles de baño pueden producir vómitos y diarreas habitualmente leves. Las colonias, perfumes, tónicos capilares, desodorantes líquidos y filtros solares hidroalcohólicos pueden causar pequeñas borracheras por su contenido en alcohol y la pequeña cantidad que habitualmente se ingiere. Por el contrario, los esmaltes y quitaesmaltes de uñas, endurecedores, tintes y decolorantes, alisadores, cremas depilatorias, sales de baño y talco se consideran más peligrosos tanto por su causticidad como por la posibilidad de producir problemas respiratorios, como sucede con la inhalación de polvos de talco.
• Aguarrás, gasolina y derivados del petróleo.
En pequeñas cantidades pueden producir síntomas digestivos leves como náuseas o vómitos; en mayor cantidad pueden llegar a provocar un cuadro similar a una borrachera que puede llegar al coma o convulsiones. En cualquier caso, lo mejor es no intervenir, al menos en el ambiente doméstico.
• Naftalina.
En el caso de niños pequeños una sola bola puede causar vómitos, dolor abdominal y diarrea, pero una cantidad mayor puede llegar a ser grave, con trastornos de consciencia, convulsiones y problemas sanguíneos. Si se pilla al niño comiéndose las bolas lo mejor es provocarle el vómito para eliminarlas antes de que pasen, por digestión, a la sangre. •Pilas.
Es frecuente que los más pequeños de la casa se traguen las pequeñas pilas de botón. En principio, la cubierta protectora de la misma no tiene por qué dañarse a lo largo del tránsito por el aparato digestivo, pero debe vigilarse bien y comprobar que se elimina, lo que sucede generalmente entre las primeras 48 horas y una semana. Las pilas cilíndricas pasan sin mayores problemas en todos los casos.
• Agua oxigenada, mercurio de los termómetros, cerillas, tintas y pegamentos.
En general, no producen ningún problema, salvo algunos pegamentos que contienen hidrocarburos aromáticos si se toman en grandes dosis; en ese caso, son peligrosos por inhalación, siendo causantes de depresión del sistema nervioso central y adicción.

MÁS VALE PREVENIR…
Prácticamente todas las intoxicaciones domésticas podrían evitarse con una serie de normas muy sencillas. Le proponemos algunas:
• Coloque pestillos en todos los armarios que contengan sustancias que no sean comida (si en la casa hay obesos, no estaría de más ponerlos también en alacenas y frigoríficos).
• Identifique todos los productos que haya en la casa y no ponga sustancias peligrosas en envases que no les correspondan (especialmente botellas vacías).
• No deje nunca ningún remedio al alcance de los niños. El armario de los medicamentos debe estar siempre cerrado y, a ser posible, en un lugar alto. Tampoco intente engañarles con la historia de que el fármaco que quiere darles es dulce y delicioso. Podría suceder que, cuando esté ausente, el pequeño localice el producto y se intoxique.
• Cuando tenga que tomar pastillas por la noche, no las busque en la oscuridad. Encienda la luz e identifique adecuadamente el medicamento. Y no guarde un arsenal de medicinas en la mesilla de noche, ni siquiera en un cajón fuera de la vista. Es preferible una pequeña molestia a una grave intoxicación medicamentosa de cualquier miembro de la familia.
• No deje los productos de limpieza al alcance de los niños. En ese habitual armario debajo de la pila es importante que haya un pestillo que no sea fácil de manipular por los más pequeños.
• Otro lugar peligroso para almacenar productos tóxicos es el garaje. Si lo hace, que sea en estanterías altas y de difícil acceso. Los garajes deben estar bien ventilados. Un niño precoz puede poner en marcha un coche y morir intoxicado por el monóxido de carbono en un espacio cerrado.
• Los remedios que necesitan refrigeración, como suspensiones o supositorios, no deben guardarse -como es habitual- en la estantería de la puerta del frigorífico, donde además no se conservan bien, sino en un envase cerrado al fondo de la nevera.
•Las medicinas caducadas o fuera de uso nunca deben ir a parar a la basura o a una papelera, donde 3 mantienen su peligro potencial, sino; al water o, si no han caducado, a la 3 misma farmacia, desde donde pueden hacerlas llegar a las organizaciones que precisan medicamentos para fines altruistas.
Dr. Andrés RODRÍGUEZ ALARCÓN

OTROS CONSEJOS PRÁCTICOS

• Hace un siglo, en el delicioso Almanaque Bailly-Baillere de 1896, en los Preceptos Higiénicos correspondientes al mes de Abril, se nos explicaba: “No suelen tomar las enfermedades de este mes un carácter maligno. Las que se presentan ordinariamente son: fluxiones de los ojos, irritación de la boca, ronquera, ligeros catarros, anginas, cólicos y sarampión; las tercianas se presentan en gran número, pero ya es sabido que las de primavera tienen un carácter más benigno y duran menos que las de otoño. Para evitar la fácil repetición de las tercianas es preciso no descuidarse en el abrigo, precaverse del aire frío y húmedo de la madrugada, guardar un buen régimen privándose de verduras v leches y no dejar el uso de la quina o sus preparados hasta un mes o mes y medio después de haberlas tenido”.
• Hoy las cosas han cambiado bastante y el paludismo (las “tercianas” clásicas) ha desaparecido -al menos de momento – de nuestro panorama sanitario, mientras que el sarampión constituye una rareza en la era de las vacunaciones masivas y las buenas normas de alimentación e higiene. Pero los catarros, faringitis, conjuntivitis y toda la molesta fauna primaveral sigue azotando a nuestra gente lo mismo que hace cien años. Y los mejores remedios siguen siendo los de entonces: no desabrigarse en exceso -especialmente por las mañanas- y las infusiones preventivas y/o curativas de tomillo, hierbabuena y miel. Los cocimientos de cebolla con miel y limón y la limpieza de ojos con infusión salada de pétalos de rosa, además de ayudar a mejorar la inflamación de párpados y vías respiratorias, proporcionan una sensación de bienestar superior a la de muchos preparados convencionales.

Escribenos tu comentario