La alimentación

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Publicado en Frutoterapia, Medicina, Salud, Sepa cómo Cocinar

Otra acción involuntaria del recién nacido es alimentarse. Nadie le sugiere ni le indica dónde buscar el alimento ni la forma de obtenerlo. Durante un tiempo se tiene sólo el ali­mento primario; poco a poco, se va cambiando por alimentos provenientes de la tierra, fuente de nuestro sustento.

Nuestra estructura se ha auto-generado; y, de forma instintiva, selecciona el alimento. Si a un bebé se le da a comer algo en contra de su naturaleza, inmediatamente reacciona: lo rechaza, lo escupe o lo vomita o presenta una respuesta alérgica. En nuestra ignorancia, le forzamos a comer lo que consideramos indispensable, de acuerdo con nuestras cos­tumbres, no lo verdaderamente necesario para él. Allí se co­meten muchos errores.

[En mi experiencia, recién comenzaba mi labor como te­rapeuta cuando llegaron mis hijos gemelos, por un tiempo les llevamos al pediatra (persona autorizada para indicarnos cómo debíamos proceder con nuestros hijos recién nacidos), para sus controles. Ante una molestia estomacal, sugirió alimentarlos cada dos horas porque estaban presentando vó­mito y diarrea con mucha frecuencia; para prevenir la deshidratación, debía dárseles la comida en ese horario. Las co­sas empeoraron día a día.

Desesperados, nos tomamos la molestia de analizar el número de calorías necesarias de acuerdo al peso. Según lo sugerido por los manuales médicos, les estábamos dando 2,3 veces el número de calorías requeridas al día. Contra­diciendo la orden de la autoridad médica, comenzamos a darle un poco menos de la mitad de la cantidad de alimento ordenada. Dos días después, todo se normalizó: El sistema digestivo se reguló, no más diarreas, no más vómitos, no más alimentación cada dos horas, no más el doble de las ca­lorías requeridas, etc.]

Aparece luego la alteración del gusto. Viene a ser des­pués la trampa para maltratar todo el sistema. Al niño se le enseña a comer los alimentos con sabores adicionales, preferencialmente el dulce.

El sabor dulce, junto con el insípido, corresponden al Rei­no mutante de la Tierra cuya función primordial, en las prime­ras etapas de la vida, consiste en actuar sobre la estructura -crecimiento-, lo cual merece una atención prioritaria. Los demás sabores agregados (salado, ácido, agrio, amargo y Picante), se van adicionando después a la comida con lo cual Perturbamos más el sentido del gusto. Hoy, en algunas re­ines, no se ingiere una fruta (mango viche, chontaduro, Piña.etc), Si no se le adiciona sal o azúcar.

Para la MTCh el sabor es el alimento del órgano; pero el abuso del mismo, lo daña. Y por muchas razones, nos he­mos acostumbrado a buscar en todos los alimentos algún gusto especial; y así, en la cocina nunca falta la sal, el azúcar, el vinagre, el picante, el amargo y todo ese arsenal de espe­cies para acentuar los sabores básicos descritos.

No es una oposición a la buena mesa, pero el abuso de los sabores nos va a acarrear problemas de salud. En nues­tra cocina criolla, los sabores más empleados son la sal, el dulce y el ácido. A la luz de la MTCh, corresponden a los Reinos mutantes del Agua, de la Tierra y de la Madera, respectivamente. Y si observamos cómo es la salud de la gente, en nuestro pueblo encontramos las enfermedades más frecuentes en relación con las patologías propias de esos Reinos -riñones, estómago, hígado-. También a esos reinos mutantes corresponden los estados emocionales más encontrados en las personas: el miedo, la preocupación y la ira.

Debemos entonces revisar nuestra dieta, desde el punto de vista de los sabores. No se trata del nombre de los ali­mentos sino del sabor básico de los mismos. A la luz de la MTCh, los sabores a tener en cuenta son: salado, ácido, agrio, amargo, dulce, insípido y picante. Y una forma de equilibrar nuestro organismo es procurando todos estos sa­bores en nuestra dieta diaria.

Efraín Lesmes Castro

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