Mensaje de Ramtha

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Publicado en Amor

¿Por
qué te amo tan profundamente ? Porque lo que tú eres, también lo soy
yo. Todo lo que eres en el espectro de tu ser, yo soy, pues yo soy el
espectro desde el cual contemplas y creas tus ilusiones. El Yo Soy que
yo soy, es amor que trasciende la expresión común aquí, ya que no tiene
condiciones ni obligaciones. Yo te amo simplemente por lo que eres,
porque quien tú eres, cualquiera que sea tu expresión, es el Padre que
yo amo tan profundamente. Ahora, deseo hablarte sobre lo que tú
percibes como tus equívocos y fracasos. Al crear el hombre la noción de
lo bueno y lo malo, lo perfecto y lo imperfecto, también ha creado las
trampas llamadas culpabilidad y remordimiento que han hecho siempre tan
difícil progresar en la vida. Pero yo te digo: cualquier cosa que hayas
hecho -a través de la virtud de tus muchas vidas en este plano- nunca
ha sido mala, ni tampoco buena. Ha sido simplemente una experiencia de
la vida que te ha ayudado a llegar a ser quien eres ahora, y eso es, en
verdad, la cosa más preciosa y maravillosa. Porque tú eres en este
ahora, lo más grandioso que has sido nunca desde que empezaste este
camino extraordinario, ya que tu sabiduría es mayor de lo que nunca ha
sido. Todo lo que tú has hecho, yo también lo hice. Y cada uno de tus
errores, yo también los cometí. Y todo aquello que has juzgado en ti
por carecer de fuerza y virtud, yo también lo juzgué. Pero yo nunca
habría conocido la fuerza de mi ser si no hubiera conocido mi
debilidad. Nunca habría amado la vida si no la hubiera visto
desprenderse de mí. Y nunca habría sido capaz de abrazarlos a todos
ustedes si no hubiera despreciado la crueldad del hombre. Cualquier
cosa que hayas hecho, por vil o miserable que haya sido, la hiciste
simplemente con el fin de crear un aprendizaje para ti mismo. Y a lo
largo de ese aprendizaje te has dañado, dolido, entristecido, y te has
degradado a ti mismo y, sin embargo, te has elevado por encima de ello,
porque aquí estás ahora,dispuesto a conocer y abrazar la belleza que tú
eres.

Todos aquellos en lo que sientas que has fallado o hecho algo
malo, deseo que observes lo siguiente: Desde el momento de tu
nacimiento, tú y tus amados hermanos emprendisteis una gran aventura
hacia el entendimiento emocional de todo el pensamiento; pensamiento a
pensamiento. Tu alma fue creada para almacenar la emoción de cada
pensamiento -cada dimensión de Dios- que aceptaste a través del Dios o
espíritu de tu ser. Cada pensamiento que aceptaste y sentiste en tu
alma, pero que aún tienes que entender completamente, tu alma te
presionará a experimentarlo. ¿Para qué? Para obtener el entendimiento
emocional completo de todos los aspectos de ese pensamiento, visto sólo
a través de la virtud de la experiencia, que es la virtud llamada vida.
Has sido impulsado a lo largo de la eternidad a evolucionar y a
extender la vida hasta la creatividad, y a experimentar cada
manifestación de esa creatividad, desde el pensamiento hasta la luz,
hasta la materia, hasta la forma y otra vez de vuelta hasta el
pensamiento; desde el amor y la alegría, hasta la envidia, el odio y la
tristeza, y de nuevo a la alegría. Tu alma te ha impulsado de
experiencia en experiencia, de aventura en aventura, para poder
realizarse a sí misma con el entendimiento completo de cada forma de
pensamiento -cada actitud, cada emoción- para que así puedas conocer y
entender la totalidad del pensamiento, que es la totalidad de Dios, la
totalidad del Yo. Tu alma anhela todo aquello que no ha experimentado.
Cuando tu alma anhela una experiencia, ello significa que necesita
información emocional sobre esa experiencia. Por eso, tu alma creará un
sentimiento ?llamado deseo- que cautiva la totalidad de tu ser y te
impulsa hacia una aventura, una experiencia. Entonces, cuando la
experiencia ha terminado y las emociones se calman, has obtenido,
gracias a esa experiencia, un tesoro mucho más valioso que todo el oro
de este plano, te ha hecho avanzar hasta la sabiduría; lo cual indica
que tu alma dice que ya nunca más tendrás que experimentar eso otra
vez, pues has adquirido todo el entendimiento de ello. Entonces, tu
alma perseguirá otro anhelo, y serás impulsado a hacer otras cosas,
porque lo necesitas, lo quieres, porque el fuego dentro de ti te
impulsa a experimentar toda la vida. Ahora, ¿piensas que alguna vez te
aventuraste a experimentar algo sabiendo que te haría daño o que ibas a
fracasar? No. Siempre te has embarcado en cada aventura con gran
curiosidad, interés y placer. Y aunque al principio el resultado era un
tanto incierto, la emprendiste simplemente porque nunca lo habías hecho
antes. La experiencia era nueva y excitante y querías aprender de ella.
Y aunque la aventura pudo causar dolor, eso te ayudó a comprender la
emoción llamada «dolor», lo que aumentó tu entendimiento de la vida.
Así pues, esa experiencia tuvo un propósito en tu vida. Luego te
embarcaste en la siguiente aventura que tu alma te impulsó a
experimentar, para vivir otra aventura en la emoción y el
entendimiento. Y eso te proporcionó más felicidad y realización en tu
alma. Cada cosa que haces, en el preciso instante en que la estás
realizando, sabes en tu alma que la experiencia es buena para ti. Es
sólo después de haber experimentado la aventura, y los sentimientos
derivados de ella se han transformado en sabiduría, cuando averiguas
que quizás lo hubieras podido hacer mejor o de otra forma. Pero nunca
habrías sabido que había un mejor camino si no te hubieras embarcado
primero en la experiencia y obtenido de ella la joya de la sabiduría.
¿Y debe alguien ser juzgado por eso? No, porque eso se llama inocencia,
y también educación. El fracaso es una realidad sólo para aquellos que
creen en él. Pero nadie realmente fracasa en la vida. Jamás. A pesar de
cada cosa que hayas hecho, ya sea miserable, despreciable o a
escondidas -que realmente no lo es-, sigues vivo, y eso es algo
milagroso. Fracasar significaría detenerse, sin embargo, nada puede
parar, porque la vida es siempre continua; avanza a cada momento. Por
eso, nunca puedes permanecer estancado o retroceder en la vida, ya que
cada momento de la expansión continua de la vida siempre trae más y
mayor entendimiento. Tú nunca has fracasado. Siempre has aprendido.
¿Cómo podrías saber lo que es la felicidad si nunca has sido infeliz?
¿Cómo sabes cuál es tu meta sino una vez que la alcanzaste y te diste
cuenta de que era un color diferente del que habías imaginado? Tú nunca
has cometido ningún error. Jamás. Nunca has hecho nada malo. ¿De qué te
sientes culpable? Todas tus equivocaciones, tus fracasos y tus errores
son lo que se llama, apropiadamente, «pasos hacia Dios», paso a paso. Y
sólo has llegado a saber todo lo que ahora sabes a través de haber dado
todos los pasos. Nunca te sientas culpable de aprender. Nunca te
sientas culpable de saber. Eso se llama iluminación. Debes entender que
has hecho lo que necesitabas hacer; todo fue necesario. Y tomaste todas
las decisiones acertadas, todas. Tú vivirás mañana y también el bendito
día que le seguirá, y todos los siguientes. Y lo que descubrirás en
esos días es que sabes más de lo que sabes hoy. Sin embargo, el día de
hoy no es un error; te guiará hasta la eternidad. Tú tienes la opción
de crear tu sueño de cualquier manera que elijas. Pero como quiera que
lo crees, para tu propio entendimiento emocional, estás añadiendo algo
a la totalidad de la conciencia en todas partes; nunca le quitas, nunca
puedes quitarle. Cada aventura que emprendes felizmente añade algo al
fervor e intensidad de la vida. Cada pensamiento que abrazas, cada
ilusión que experimentas, cada descubrimiento que haces, cada cosa vil
y miserable que haces amplía tu entendimiento, que a su vez alimenta y
amplía la conciencia de toda la humanidad y expande la mente de Dios.
Si piensas que has fracasado en la vida o hecho algo equivocado,
disminuyes tu capacidad de percibir tu propia grandeza interna y
externa, y tu importancia para la totalidad de la vida. Nunca desees
suprimir nada de tu pasado -ni una sola cosa- porque la ficción de
todas tus experiencias, sublimes o desgraciadas, ha producido dentro de
tu alma las magníficas y hermosas perlas de la sabiduría. Esto quiere
decir que ya nunca tienes que volver a soñar esos sueños, ni crear esos
juegos, o experimentar esas experiencias, pues ya las has experimentado
y sabes lo que se siente, tienes en tu alma su información; se llama
sentimientos, el tesoro más auténtico de la vida. Yo estoy aquí para
decirte que se te ama incluso más allá de lo que entiendes que es el
amor, pues siempre se te ha visto como un Dios que lucha por entenderse
a sí mismo. Y de cada experiencia de todas tus vidas, has adquirido
conocimiento, sabiduría; has dado algo al mundo, has añadido algo a la
virtud de la vida que se despliega. Tu vida ha sido un maravilloso
espectáculo del fuego que vive dentro de ti. Debería ser contemplada
con reverencia, santidad y divinidad. Porque sin importar lo que hagas,
siempre eres Dios. Sin importar la máscara que lleves, eres Dios. No
importa qué tipo de relación estés experimentando, sigues siendo Dios.
Tú eres merecedor de las aventuras de esta vida, de cada una de ellas.
Y más aún, eres merecedor de las espléndidas aventuras que todavía te
esperan. Pero nunca te convertirás en el Yo Soy ni entrarás por las
puertas de la eternidad hasta que te des cuenta de que todo lo que has
hecho, lo has hecho simplemente para adquirir la comprensión del Dios
que eres, que se demuestra aquí y ahora por la virtud de todas tus
experiencias sobre la plataforma llamada vida. Así que tú, que llevas
un abrumador bagaje de cargas sobre tus espaldas, si eso te hace feliz,
que así sea. Pero si has aprendido todo lo que se puede aprender de
ellas y estás cansado de ellas, deshazte de ellas. ¿Cómo? Amándolas,
abrazándolas y permitiéndoles vivir en tu ser. Cuando hayas hecho eso,
no te retendrán nunca más. Y a partir de ahí, la maravilla de la vida
puede verse con ojos claros, el amor puede sentirse sin juzgarlo, y la
alegría de ser se convierte en el poder del saber interior ilimitado.
Abraza tu vida. Sabe que eres divino y que la fuerza de tu ser está ahí
gracias a todo lo que has hecho. Termina con la culpabilidad. Termina
con la farsa de la pena por uno mismo. Deja de poner cargas sobre ti
mismo. Deja de echarle la culpa a los demás. Toma las riendas. Te
pertenece. Ahora, ¿qué ocurre cuando has abrazado todo lo que has
juzgado, amado todo lo que has despreciado, vivido todas tus ilusiones
y perseguido todos tus sueños? Puedes mirar a otros que están
experimentando estas mismas cosas para su aprendizaje, y puedes
entenderlos y sentir compasión por ellos. Entonces, puedes amarlos como
el Padre te ama y permitirles la virtud de las experiencias de sus
propias vidas. Entonces te conviertes en lo que tú llamas un santo.
¿Cómo crees que llegas a ser un santo? Ciertamente no absteniéndote de
la vida, ni escondiéndote en una cueva o un templo quemando incienso, o
sentándote en lo alto de una montaña contemplando Dios sabe qué. Te
conviertes en santo sólo viviendo la vida -que es el Padre- y
experimentándola hasta sus límites, para que la virtud de la sabiduría
culmine en una entidad capaz de abrazar la totalidad de la humanidad y
amarla. La única manera de conocer y convertirse en Dios es vivir y
abrazar la vida plenamente, experimentar todas las situaciones, sentir
todas las emociones, realizar cada acto, sea sublime o miserable, para
que tu alma posea la sabiduría de toda la vida dentro de sí. Nunca
sabes lo que sufre el rey hasta que eres un rey. Y el rey nunca conoce
la humildad de su sirviente hasta que se convierte en un sirviente. Y
la mujer piadosa no conoce la miseria de la concubina hasta que se
convierte en ella. Y la concubina no conoce el juicio de la mujer casta
hasta que lo es. Por eso, el camino hacia una vida virtuosa lo abarca
todo. Incluye cada personaje, cada situación ilusoria creada dentro de
la conciencia del hombre. Por eso, las entidades más nobles y más
sabias han vivido cada situación creada por las aventuras de la
humanidad. Ellos han sido la prostituta y el sacerdote, el gurú y el
granjero, el asesino y la víctima, el conquistador y el conquistado, el
padre y el hijo. Ves, sólo condenas en los demás lo que no puedes
aceptar en ti mismo. Si has vivido todas las situaciones y encontrado
paz en ellas, entonces es fácil entender a otros y permitirles ser, sin
juzgarlos, porque tú has sido ellos, y sabes que si los juzgas a ellos
te estás juzgando a ti mismo. Entonces adquieres la virtud de la
verdadera compasión, y las profundidades del amor existirán dentro de
tu alma. Entonces serás, en verdad, un Cristo, porque entiendes, amas y
perdonas a tus amados hermanos en sus limitaciones. Amar al Padre en su
totalidad, ser su totalidad, es amar todo lo que él es. Y esos amados
hermanos a tu alrededor son todo lo que él es. No importa cuál sea su
aspecto, ellos son Dios en su realidad así como tú lo eres en la tuya.
Y cuando hayas vivido toda su gloria, todas sus luchas, toda su
tristeza y toda su alegría, entonces puedes abrazar a Dios visto en
toda la gente. Entonces puedes amarlos. Eso no quiere decir que debas
predicarles o socorrerlos. Simplemente déjalos ser y permíteles
evolucionar de acuerdo con sus propias necesidades y designios. Hay
aquellos cuyo destino es ser señores de la guerra, sacerdotes o gente
en el mercado, porque eso es lo que necesitan y quieren hacer. ¿Quién
eres tú para quitarles eso? Cada uno en este mundo -ya sea un
hambriento, un lisiado, un granjero o un rey- ha elegido su experiencia
con el propósito de aprender de ella. Sólo cuando haya aprendido de
ella y esté satisfecho con ella, pasará a otra experiencia, que le
brindará una comprensión aún mayor de su Yo más profundo. Cuando te
conviertes en un maestro, puedes caminar entre el lodo y las tinieblas
de la conciencia limitada y conservar tu totalidad, porque entiendes a
las grandes masas y el por qué de su manera de ser, pues una vez tú
fuiste así. Les permitirás la libertad de ser limitados -y eso es amor
verdadero porque sabes que esa es la única manera como pueden aprender
a tener un entendimiento ilimitado y a amarse unos a otros, lo cual es,
de hecho, amarse a sí mismos totalmente. Y cuando veas la cara de otro
en la muchedumbre -sin importar su color, limpieza o apariencia-
mirarás a la entidad y verás a Dios en él, porque si miras lo bastante
cerca encontrarás a Dios en cada uno. Entonces amas como el Padre ama;
ves lo que él ve, no sólo en ti, sino en todos los demás. Cuando puedes
mirar a todos y ver la belleza que son, estás en el camino que asciende
de este plano hasta un espacio más amplio donde existen muchas moradas.
Pero las puertas están cerradas para aquél que no puede aceptarse
plenamente a sí mismo y al Dios que vive en toda la vida a su
alrededor. Cuando sitúes a la gente en el lugar donde pertenecen, en su
Dios-fuente, sabiendo que sin importar lo que hagan, están viviendo
para el Dios dentro de sí mismos -así como tú vives para el Dios dentro
de ti- entonces puedes aprender a amar a toda la gente. Cualquiera que
sea su expresión, ahora puedes, por primera vez en tu existencia,
amarlos verdaderamente, pues tu amor no está gobernado o restringido
por el juicio. Y así es en verdad, como es un Cristo -el hombre que
vive como Dios- dentro de su ser. ¿Cuál es tu camino en la vida? Seguir
siempre tus sentimientos, escuchar a los sentimientos de tu alma y
lanzarte a vivir las aventuras que tu alma te impulse a experimentar.
Tu alma, si la escuchas, te dirá lo que necesitas experimentar. Si te
sientes aburrido o no tienes deseo de hacer algo, ello significa que ya
lo has experimentado, que has adquirido la sabiduría de esa aventura.
Pero si quieres hacer algo, esa urgencia dentro de tu alma significa
que debes vivir la experiencia y su virtud. Si te abstienes de ella,
sólo estás posponiendo la experiencia hasta otro momento y otra
existencia. Vive la verdad de lo que sientas dentro y ama a quien está
sintiéndolo. Entiende que el sentimiento debe ser expresado y
satisfecho. Cuando quieras hacer algo, sin importar lo que sea, no es
sabio ir en contra de ese sentimiento, pues hay una experiencia
esperándote y una gran aventura que hará tu vida más dulce. Si escuchas
a tus sentimientos, siempre estarás haciendo lo más apropiado para la
evolución de tu hermoso ser hacia la sabiduría profunda. Es cuando vas
en contra de tus sentimientos cuando sufres la enfermedad, la neurosis
y la desesperación. Sigue a tu corazón, a tus sueños, a tus deseos. Haz
lo que tu alma te pida que hagas, no importa lo que sea, y hazlo hasta
el final; entonces continuarás con otra aventura. Nunca serás juzgado a
menos que aceptes los juicios de aquellos a tu alrededor. Y si aceptas
su juicio, es únicamente tu voluntad hacer eso por la experiencia.
Llegará un momento, en esta vida o en las próximas, en el que habrás
alcanzado ese punto donde ya no tienes el deseo de hacer esto o
aquello, sino simplemente «ser». Nunca más maldecirás o juzgarás a la
prostituta, al ladrón, al asesino o al país que está en guerra. Habrás
vivido todas esas cosas y sabrás lo que se siente al serlas. Estarás
tan completo con las experiencias de este plano, que ya no habrá nada
que te arrastre otra vez aquí para experimentar. Entonces partirás
hacia nuevas aventuras en planos superiores de existencia. Cuando
contemples lo que te acabo de decir, percibirás y entenderás un valor
en ti mismo que es la demostración intencional del Dios poderoso, el
fuego y la vida que tú eres. También entenderás que cualquier dirección
que tomes en la vida, ese va a ser el camino hacia tu iluminación. Y
por cada aventura a lo largo del camino, obtendrás una percepción mayor
del misterio que eres. Llegarás a amar lo que eres, a acariciarlo y a
pulirlo, hasta que la luz de tu ser pueda competir con la gran Luz del
firmamento y la paz de tu ser pueda competir con la medianoche, cuando
todo está tranquilo en la Tierra. Nunca más te negarás a ti mismo.
Nunca alterarás lo que eres, ni juzgarás lo que eres. Permitirás
aquello que has de ser. Cuando amas lo que eres, puedes decir con
gracia, dignidad y poder humilde: «Amo al Padre inmensamente, porque el
Padre y yo somos uno. Y amo lo que soy inmensamente, porque el Yo Soy
que yo soy es la esencia de todo lo que es». Entonces estás en armonía
con el flujo de la vida. Eres un maestro que camina sobre este plano.
Eres el Cristo resucitado, el Cristo que ha despertado. Eres una luz
para el mundo. Sin embargo, no podrás convertirte en eso hasta que ames
y abraces todo lo que has hecho y te des cuenta de que todo fue por el
bien de tu vida, porque ello te ha transformado en la magnífica entidad
que eres en este día. Te he dado una gran enseñanza y lo he hecho de
forma grandiosa, pues te libera del karma, del pecado, del juicio y el
castigo. Porque el Padre es amor. Y el Padre carece de juicios, no es
ni bueno ni malo, positivo o negativo. El Padre es simplemente el Ser
que es. Y ese Ser abarca a toda la gente, todos los actos, todos los
pensamientos y todas las emociones; todas las cosas. Si el Padre
pudiera juzgarte, ciertamente se estaría juzgando a sí mismo, pues tú y
él son uno mismo. Así que el amor de Dios llamado vida, siempre te ha
sido dado. A pesar de todas tus experiencias miserables, el sol aún
sale y baila en los cielos. Las estaciones aún vienen y van. Las aves
silvestres aún vuelan hacia el cielo del norte. Y el pájaro nocturno
aún grita en la noche mientras tú cierras los postigos de tu
habitación. Es en la continuidad de todas estas cosas donde, si miras,
te darás cuenta del perdón y la eternidad que la vida siempre te ha
concedido. Deja esta audiencia con un corazón alegre y lleno de amor,
porque tus cargas han dejado de serlo, tu redención es segura. Sabe que
Dios te ama y siempre lo ha hecho. Sabe que no eres ni malvado ni
bueno. Sabe que no eres ni perfecto ni imperfecto; que simplemente
eres. Cuenta con el Padre en tu vida, porque él siempre ha estado ahí.
Y cuando contemples el amor piensa en mi… y el viento surgirá de la
nada.

Enviado por: Betina

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