Para qué tanta gente en el mundo

0

Publicado en Economía

PARTE  1: ¿Las estadísticas para que han servido?

Las estadísticas nos alertan para decirnos que todo es suceptible de mejorarlo.

Las estadísticas se pueden interpretar de una sola manera a la vez pero quienes las interpretan tienen su “amaño” e intención. Por ejemplo:  una investigación reveló que de cada  tres mujeres una tendrá problemas de osteoporosis. Eso dió pie para que una multinacional que vende calcio en tabletas,  pusiera en un comercial a tres reconocidas actrices para que una de ellas dijera conplena convicción que una de ellas tres padecería de osteoporosis. En realidad lo único que se podía inferir en ese caso particular  es:  había más que  la única opción que buscaba quien pagaba el comercial que supongo era vender.

Pues sí, la estadística podía ser cierta pero,  la interpretación en ese comercial en realidad daba para decir que lo que decían podía ser falso. ¿Por qué? Sencillo, en ESE caso particular se puede afirmar que una de las tres actrices tendría osteoporosis con igual validez que decir que dos o las tres podían tener osteoporosis al igual también que NINGUNA llegaría a tener osteoporosis con el tiempo.

Las estadístics nos asustan si nos dejamos. Por ejemplo, decir que de 6.000 millones de habitantes en el planeta Tierra pasaremos a 9.000 en el año 2050  de acuerdos a las tendencias de crecimiento puede resultar un dato incómodo de albergar. Unos dirán que no hay lugar para tanta gente y promoverán una serie de medidas sobre la base de que NO HAY tanto para TANTOS. Imagino las alternativas que se planterán y recocinarán para justificar que el fin justifica los medios. Por ejemplo, los que vender cigarrillos han intentado hacer ver a los gobiernos que bajen la guardia en sus medidas restrictivas argumentando (claro que en otros términos) que gracias a que el cigarrillo rápidamente mata, los presupuestos para salud no se verán en permanente déficit y ello será beneficioso para los políticos gobernantes. Otro argumento se basa en la necesidad de que los gobiernos de los países tengan beneficios a través de las concesiones y gabelas que se dan a las empresas no sólo en el campo minero sino en muchosotros campos. Se compran políticos que necesitan recuperar suscuantiosas inversiones en camañas electorales que aspiran a hacerse ricos de la noche en la mañana a cargo de sus compatriotas. Los argumentos de Hitler y tantos otros que han  promovido guerras a través de la historia de la humanidad siempre han sido únicos:económicos.

En general, lo que se argumenta es que la escasez en todo es irremediable. Otra forma de ver las cosas sería una medida y actitud en la que deberíamos todos trabajar. Si promovemos que todos deben participar de la torta y de formular soluciones sería otro el cuento.

Lo único lamentable es la abundancia de ignorancia. La cumulación o la concentración como en el cuerpo humano,  sólo termina propiciando enfermedad, dificultad para disfrutar lo obtenido, menos felicidad y más egoísmo. Nadie neseita comer más de lo necesrio para estar bien y ser útil.

Claro está que hay marcos sobre los cuales el implementar soluciones es la clave. Uno de ellos es el respeto al libre albedrío de cada quien. Hay equivocados gorilas (con el perdón de los gorilas),  que han creído estar “tocados” para cumplir una misión humanitaria y redentora. En el fondo, sólo los resultados en sus pueblos han sido similares a los de sus oponentes: sometimiento de la voluntad del pueblo. La fuerza ejercida por unos y otros, tiene las mismas consecuencias: tristeza y esclavitud. Parten  de que es la economía como sólo ellos la conciben la que hará feliz al hombre.

Si hacemos un ejercicio como el siguiente es posible de que por un ratico dejemos de tratar de poner “cadenas” y “mordazas” a los demás para tener que someterlos bien sea a través de los medios de comunicación, las religiones, las ideologías, los sistemas… en fin la fuerza. Veamos: si la energía fuera acccesible a todos ¿qué pasaría?

Imagino que unos tratarían de apoderarse de ella a la fuerza o con  dinero. ¿Para qué concentrarla en unos pocos que no necesitan desayunar tres veces, ni almorzar tres veces, etc., pudieran venderla  a quienes la pudieran pagar. Pero, si a pesar de eso, supongamos que  cada quien pudiera proveérsela. ¿qué pasaría?

Ernesto A. Contreras J.

 

 

Escribenos tu comentario