El ejercicio y el cerebro

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La falta de ejercicio, ¿cómo afecta al cerebro?

¿Pasas dos o tres horas en el auto camino al trabajo, ocho horas sentado frente a la computadora y luego algunas más frente al televisor? Es hora de que sepas que con esa inactividad tu cerebro está cambiando de forma… para peor.

En animales. En efecto, dos estudios científicos hechos en animales demostraron que el cerebro no solo se beneficia con el ejercicio físico, sino que cambia de forma, crea nuevas conexiones y neuronas.

Cerebros que cambian. Y, al mismo tiempo, las investigaciones hallaron que los cerebros de las personas que no realizan actividad física y que pasan largos períodos sin moverse demasiado, también sufren cambios que pueden empeorar su salud. Sigue leyendo para descubrir los detalles de estos trabajos científico

Mente sana en cuerpo sano. El trabajo de Patrick Mueller, fisiólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad Estatal de Wayne, publicado en febrero de este 2014 en la revista científica The Journal of Comparative Neurology, demostró que el ejercicio regular es bueno para la materia gris. Logra que el cerebro forme nuevas conexiones, ejecute acciones de manera más eficiente e incluso genere nuevas neuronas.

Cambios para mal. La inactividad, en tanto, puede modificar la estructura del cerebro de una manera que puede resultar nociva para la salud cardiovascular. “A medida que los seres humanos nos volvemos más sedentarios, creemos que nuestros cerebros cambian de manera perjudicial”, afirman los autores del estudio.

Novedad. Este dato es revelador, porque hasta hace unos 20 años la mayoría de los científicos creían que la estructura del cerebro se fijaba en la edad adulta y que no se creaban nuevas células cerebrales, ni se alteraba la forma de las existentes, tal como señala un artículo del periódico The New York Times.

La salud cardiovascular, en jaque. La investigación, si bien fue llevada a cabo en ratas, encontró que una forma de vida sedentaria afecta no solo al cerebro, sino al sistema cardiovascular en general.

A correr. El estudio mencionado consistió en poner a un grupo de ratas en jaulas con ruedas y dejar que los animales corrieran a su antojo. Estos terminaron cubriendo una distancia de unos tres kilómetros por día. En otra jaula sin ruedas, un segundo grupo de ratas permanecieron sedentarias.

Cerebros diferentes. Al cabo de tres meses, cuando los científicos examinaron los cerebros de las ratas, observaron diferencias notables entre los dos grupos en relación con la forma de algunas de sus neuronas. “Este hallazgo es importante, ya que añade a nuestra comprensión de cómo, a nivel celular, la inactividad física aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares”, señalan los responsables del trabajo.

Oxígeno y nutrientes. Otro estudio fue liderado por Judy Cameron, profesor de psiquiatría de la Escuela de Medicina Pitt, publicado en la revista científica Neuroscience en 2010 y reseñado en Live Science. Demostró en monos cómo el ejercicio físico “aumenta el flujo sanguíneo en el cerebro”. “Como la sangre le lleva nutrientes y oxígeno, esta podría ser una de las razones por las cuales hacer actividad física incrementa las funciones cognitivas”, señaló Cameron en Live Science. ¿Qué te parece?

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